Modelo de Porter y Lawler

Señala la relación existente entre el rendimiento, la satisfacción y las recompensas, destacando la importancia de tener empleados que lleven a cabo trabajos para las que posean las habilidades apropiadas.
Las recompensas deben ser distribuidas de forma equitativa, para lo cual es necesario medir el rendimiento. Si los empleados no observan esta justicia en la distribución de recompensas, pensarán que no vale la pena esforzarse.
Es un modelo complejo que combina factores internos con factores externos, que utiliza aspectos de las teorías de la jerarquía de las necesidades, la de los dos factores, la del refuerzo y la de las expectativas.
El proceso que sigue el modelo es: los empleados tienen expectativas sobre el resultado que tendrá un esfuerzo determinado en el trabajo. Estas expectativas son el detonante de la motivación. A través del esfuerzo el empleado obtiene un rendimiento. Si existe equidad en la asignación de recompensas, obtendrá satisfacción por su esfuerzo. Al obtener la recompensa elabora nuevas expectativas para comportamientos futuros.
En el esfuerzo intervendrán las capacidades del empleado como su percepción del papel. Las satisfacciones que obtiene pueden ser intrínsecas (de autorrealización) como extrínsecas (la
recompensa). La DRRHH debe revisar periódicamente las necesidades de los empleados para que no se produzca la extinción de la motivación.

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